Poema de Rafael Alberti sobre a criação do Estado de Israel

Rafael Alberti Merello (Puerto de Santa Maria, Cádiz, 1902 – Puerto de Santa Maria, Cádiz, 1999). Poeta e pintor andaluz da Geração de 27. É considerado um dos maiores poetas espanhois  da “Idade de Prata da Literatura Espanhola”.

Foi membro activo do Partido Comunista de Espanha. Exilou-se em Paris após a vitória franquista. Regressou a Espanha após a morte de Franco em 1977 tendo sido eleito deputado ao Congreso pelo Partido Comunista. Continuou, porém, a sua vida artística até à sua morte. Distinguido com inúmeros prémios, renunciou, no entanto, ao Prémio Príncipe de Astúrias patrocinado pela Casa Real de Espanha devido às suas fortes convicções republicanas.

Em 1948 escreveu este “Salmo” ou “Cântico a Sião” publicado na revista literária comunista “Davar” de Buenos Aires, louvando a criação do Estado de Israel:

He aquí por fin – hosanna! – la tierra prometida, 
la cuna de la sangre, ganada con la vida…

La misteriosa lámpara que alienta en las visiones, 
peregrina del sueño de las generaciones.

La estrella que una noche cerró en cada ventana 
y hoy la retorna abierta la luz de la mañana.

Israel de los llantos, Israel de las penas. 
Paraíso encontrado, libre y ya sin cadenas.

Jardín para los tristes, sol de los desterrados, 
madre de los perdidos corazones hallados.

Frente para la angustia delgada de fatiga, 
pecho para la lágrima que subirá en espiga.

Mano para la dura mano de las labores, 
pies para los doblados ojos sin resplandores.

Lengua para los labios consumidos sin fuente, 
viento del alma, río de palabra ferviente.

Valle de la victoria, monte del triunfo, altura 
conquistada en la noche de tanta desventura.

Pradera del reposo, panal del corazón, 
pañuelo de los largos lamentos de Sión.

Joven escudo al brazo de los verdes varones. 
Israel, primavera de las nuevas naciones.

Arco iris después de la tormenta, 
arca de paz, la quilla todavía sangrienta…

Oye, Israel, escucha: Hoy por ti desempaña 
sus ojos un poeta desterrado de España.

Destierra de su voz los crespones, destierra 
de sus amargos pozos el grito de la guerra.

De su profunda noche saca a la luz del día 
y de sus duras arpas un salmo de alegría.

Alabado Israel con la garganta entera: 
a son de alma, a sones de lengua verdadera.

Alabado Israel con todo encendimiento: 
a son de cuerda, a sones de las bocas del viento…

En su noche cerrada, abierta en melodía. 
Alegría! Alegría! Alegría! Alegría!