Distorsión del Holocausto

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La desjudaización del Holocausto le quita su principal mensaje.

La historia del holocausto ha sido obscenamente manipulada en las últimas décadas de muchas maneras, disminuyéndose y distorsionándose completamente el verdadero significado del Holocausto, así como la razón por la que necesita tan desesperadamente ser recordado.

Una de ellas ocurrió irónicamente el viernes 27 de enero, en el mismo día que fuera designado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el día internacional de recuerdo del Holocausto, marcando el aniversario de la liberación de los campos de exterminio de Auschwitz y Birkenau.

El texto de la proclamación estadounidense para esta ocasión, la cual buscaba poner en palabras el mensaje que el mundo tan desesperadamente necesita aprender de este descenso moderno a la barbarie ocurrido hace menos de un siglo, recordó el crimen pero de alguna forma falló en identificar a la víctima. El horror del Holocausto fue el foco, pero justamente la palabra que fue omitida por completo de aquella declaración que presumiblemente buscaba asegurar de que un genocidio como ese no vuelva a repetirse fue la palabra “judíos”.

Un pueblo fue sujeto a una “solución final”, un intento de eliminación total de los hombres, mujeres y niños.

Es una reescritura de la historia que perturba la mente. Un pueblo fue el foco del plan de la Alemania Nazi de purificar la raza aria. Un pueblo fue designado para la destrucción. Un pueblo fue sujeto a una “solución final”, un intento de eliminación total de los hombres, mujeres y niños. Fue una guerra distinta a cualquier otra, cuyo objetivo no era conquistar tierra o esclavizar a otros, sino solamente la completa aniquilación de un grupo particular de personas catalogados como subhumanos. Este intento fue tan destacable y único desde una perspectiva histórica, que tuvo que ser creada una nueva palabra para describirlo. No fue sino hasta 1944 que el término “genocidio” fue acuñado por el abogado judeo-polaco Rafael Lemkin en un libro que documentaba las políticas nazis para destruir sistemáticamente grupos étnicos y nacionales, como se evidencia en el asesinado en masa de los judíos europeos.

La idea misma de genocidio comenzó con los judíos como víctimas.

Si el Holocausto ha de tener algún significado y si su recuerdo ha tener algún significado, debe ser entendido en el contexto de su foco antisemita. Pero ese no es el mensaje que el mundo quiere enfatizar. En Europa, el antisemitismo ha vuelto a estar de moda. Odiar judíos se ha vuelto nuevamente de moda, por no decir permisible. Las fuerzas árabes y anti israelíes han traído de vuelta algunos de los peores eslóganes, propaganda y llamado a la exterminación de los judíos, que nos recuerdan los días más negros de la Alemania nazi. Para todos ellos, la eliminación del antisemitismo no puede ser la lección del Holocausto.

Por eso es que estamos presenciando esfuerzos finamente orquestados para cambiar el mensaje. Durante años, quienes odian a los judíos pensaron que la mejor manera de hacer contrapeso a la simpatía por los sobrevivientes era negar la existencia del Holocausto. Como si decir que nunca ocurrió pudiera reescribir la historia, los antisemitas propagaron la mentira que es refutada por el testimonio personal de decenas de miles de testigos. L negación, sin embargo, nunca penetrará en la parte más educada e inteligente del mundo. Pero una solución mucho más insidiosa se ha abierto paso en la batalla por destruir la lección más relevante del Holocausto: la universalización del crimen, la distorsión del horrible intento por destruir a los judíos categorizándolo como otro capítulo en la historia del cuento universal de Caín contra Abel, del bien amenazado por el mal.

Así es como el portavoz del gobierno estadounidense, Hope Hicks, explicó la omisión de los judíos de la declaración que buscaba fomentar el recuerdo del Holocausto: “A pesar de lo que reportan los medios de prensa, fuimos increíblemente inclusivos y tomamos en cuenta a todos los que sufrieron”. Hicks agregó que “a pesar de que 6 millones de judíos fueron asesinados por los nazis, otros 5 millones de personas fueron asesinadas durante el genocidio de Adolf Hitler, incluyendo sacerdotes, hippies, personas con discapacidades físicas o mentales, comunistas, sindicalistas, testigos de Jehová, anarquistas, polacos y otros pueblos eslavos, y combatientes de la resistencia”.

Así que la nueva versión es que mucha gente sufrió. La guerra es un infierno. El Holocausto tuvo muchas víctimas, de varias nacionalidades, religiones e identidades. Y, bueno, olvídate de la solución final o de las estrellas amarillas y la persecución de los circuncidados y el loco esfuerzo de Hitler por encontrar y asesinar a todo judío para liberar al mundo de lo que él llamaba la mancha de la humanidad.

Obviamente hubo otros que murieron. Pero fueron sólo los judíos los que fueron marcados para la muerte. Y fueron sólo los judíos los que fueron asesinados no por lo que hacían, sino por lo que eran.

La desjudaización del Holocausto es dejarlo sin su principal mensaje. El Holocausto es la historia de un momento único en la historia en el que una nación se volvió loca bajo la guía de un loco dictador que hizo del antisemitismo su política nacional más importante, y que terminó pagando el precio por su locura.

Eso es lo que justifica los memoriales del Holocausto, todos los libros y las películas, todas las clases y recordatorios. Olvida a los judíos de la historia y podrías terminar diciendo también que el mundo no aprendió nada de la mayor tragedia del siglo XX.